Para los exfumadores que recurren a un vapeador, el cambio puede no ser tan limpio como sugiere el marketing. En el mayor estudio poblacional realizado hasta la fecha sobre esta cuestión, los adultos que usaron cigarrillos electrónicos tras dejar los cigarrillos convencionales presentaron un riesgo de cáncer de pulmón mensurablemente mayor que sus pares que lo dejaron del todo.
Publicado el 8 de junio en Nature Medicine, el estudio se basó en 4.524.895 adultos con antecedentes de tabaquismo convencional inscritos en el Korean National Health Screening Program en 2018, con registros previos de 2012-2014. Los participantes se clasificaron como fumadores actuales, exfumadores a corto plazo o exfumadores a largo plazo, y el uso diario de cigarrillos electrónicos al inicio definió el vapeo tras la cesación. Los investigadores siguieron la incidencia de cáncer de pulmón y la muerte específica por cáncer de pulmón hasta diciembre de 2023 mediante modelos de Cox multivariables.
Lo que muestran las cifras
A lo largo de 24.182.543 personas-año, se produjeron 35.887 cánceres de pulmón y 12.807 muertes específicas por cáncer de pulmón. En comparación con quienes lo dejaron por completo, los usuarios de cigarrillos electrónicos tras la cesación tuvieron un hazard ratio ajustado de 1,56 (IC del 95%: 1,24-1,97) para la incidencia de cáncer de pulmón y de 2,00 (IC del 95%: 1,28-3,15) para la muerte por cáncer de pulmón. La asociación se mantuvo tanto en exfumadores a corto como a largo plazo y fue más intensa en un subgrupo de alto riesgo (HR ajustado de incidencia 1,91; IC del 95%: 1,44-2,53).
“Estos hallazgos sugieren que el uso de cigarrillos electrónicos tras dejar de fumar puede atenuar los beneficios de la cesación completa para la prevención del cáncer de pulmón”, escriben los autores.
Importan dos salvedades. Se trata de una cohorte observacional, por lo que asociación no es causalidad: los autores afirman llanamente que no puede establecerse causalidad, y resulta difícil descartar por completo la confusión residual por la intensidad o la duración del tabaquismo. Además, el estatus de vapeo solo se midió al inicio. Aun así, a esta escala, la señal es difícil de desestimar: cambiar los cigarrillos por un vapeador puede no borrar el riesgo de cáncer que sí elimina dejar de fumar.