Un análisis de sangre ya puede señalar el regreso del cáncer colorrectal meses antes de que una TC pueda hacerlo. La pregunta más difícil es si actuar ante esa advertencia precoz ayuda a los pacientes. En el ensayo de fase 3 ALTAIR, la respuesta fue no.

Los investigadores en Japón y Taiwán incluyeron a pacientes que se habían sometido a una resección curativa de cáncer colorrectal, habían completado el tratamiento estándar y luego dieron positivo para ADN tumoral circulante (ctDNA) —evidencia molecular de enfermedad residual— sin mostrar ningún signo radiológico de recurrencia. Entre julio de 2020 y junio de 2023, 243 de estos pacientes fueron aleatorizados 1:1 a seis meses de la quimioterapia oral trifluridina/tipiracilo (FTD/TPI; Lonsurf) o a placebo, en un diseño doble ciego integrado en la plataforma CIRCULATE-Japan.

El criterio de valoración principal fue la supervivencia libre de enfermedad (DFS) evaluada por el investigador. La mediana de DFS fue de 9,30 meses con FTD/TPI frente a 5,55 meses con placebo, un hazard ratio de 0,79 (IC 95% 0,60–1,05, P = 0,107). El intervalo de confianza cruza el 1,0 y el resultado no alcanzó significación estadística, por lo que no se cumplió el criterio de valoración principal.

Una diferencia de casi cuatro meses en la mediana de DFS que el ensayo no pudo confirmar como real: un recordatorio de que una estimación puntual alentadora no equivale a un ensayo positivo.

Una señal sin significación

La separación numérica es el tipo de resultado que invita a una sobreinterpretación. Pero con solo 243 pacientes, ALTAIR no tenía la potencia estadística para calificar un hazard ratio de 0,79 como un éxito, y sus autores no lo hacen. Actuar ante una señal de recaída por ctDNA con FTD/TPI, concluyen, no mejoró de forma significativa la DFS en pacientes sin enfermedad radiológica.

El compromiso en cuanto a toxicidad fue inequívoco. Los eventos adversos hematológicos de grado 3 o superior afectaron al 73,0% de los pacientes tratados con FTD/TPI frente al 3,3% de los pacientes tratados con placebo, sin nuevas señales de seguridad.

ALTAIR puso a prueba una apuesta concreta: que iniciar una quimioterapia establecida en el momento de la recurrencia molecular, en lugar de esperar a la enfermedad visible, cambiaría los desenlaces. No resuelve si un régimen más activo, o un fármaco diferente, podría hacerlo. Lo que sí muestra es que la positividad para ctDNA por sí sola aún no es un desencadenante validado para esta intervención: la tecnología de detección va por delante de la evidencia sobre el tratamiento. Ensayos más amplios que pongan a prueba otros agentes frente a la enfermedad residual molecular determinarán si la señal de advertencia precoz puede convertirse en beneficio.